Fórmula Celeste

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(foto: agencia periodística lanús)

En las últimas semanas se venían barajando ciertos nombres para ocupar el banquillo celeste que quedó desierto tras la destitución de Pablo Zegarra. El elegido ha sido el ex Universidad Católica: Mario Salas (Viña del Mar, 1967), popularmente conocido como ‘El Comandante’. Con un currículum algo agitado ha pasado por distintos lugares de Chile como ayudante y, a la vez, iniciándose de forma técnica, ha recalado finalmente en el extranjero siendo parte del ‘proyecto’ celeste a partir del 2018. Un proyecto en cuyo camino aparece como primer escollo al último subcampeón de América: el Club Atlético Lanús.

La solvencia que ha encontrado el granate en último lustro, le ha permitido llegar a zonas en las que hace una década atrás –cuando las cosas empezaban a cambiar de rumbo con la primera clasificación a una Copa Libertadores- no se hubieran podido realizar. Fuera de los manejos administrativos del club, se ha seguido una línea deportiva gratificante para su gente con la elección de los hombres que dirijan a los futbolistas en el presente y pasado, dotándolos de conocimientos de juego para poder ser uno de los mejores equipos que practica el fútbol en Sudamérica como tal.

Incertidumbres a inicios del nuevo milenio, pero reformándose en el camino con procesos como los de Ramón Cabrero, Luis Zubeldía, Gabriel Schürrer, hasta llegar al proceso de maduración en una idea con Guillermo Barros Schelotto al mando y en apenas poco tiempo, siendo uno de los equipos sensación en Argentina y del continente de la mano de una referencia del juego protagónico como Jorge Almirón.

Como todo equipo en ascenso, luego de pasar por momentos no gratos, hace falta alguien que se erija como cara del club. En este caso, José Sand, uno de los recientes ídolos del club, aparte de ser unos de los goleadores históricos del mismo, es reflejo de crecimiento y madurez colectivo, acompañado de un gran profesionalismo, para que el equipo que comandará Ezequiel Carboni, siga siendo del gusto y atracción del aficionado futbolero. Implicado en facetas del juego que probablemente en su primera estancia en la institución habríamos dudado de que las pueda cumplir ahora. La reforma está acuñada con el servicio de un Lautaro Acosta que a veces nos olvidamos que tan solo tiene 29 años y es figura destacada en cada situación de alegría para Lanús, pasando por distintas funciones en el campo y cumpliendo roles con galones para la relevancia en conjunto.

Si bien es cierto que aún es pronto para imaginar una confrontación competitiva eficaz por parte de Sporting Cristal en una serie de ida y vuelta, es seguro que Mario Salas querrá llegar a esos duelos en Buenos Aires y Lima de forma óptima. Con un equipo que lo puede reflejar dentro del campo, con dinámica y propuesta ofensiva, que quiera luchar el balón a los Marcone, Martínez, Acosta o Barrientos de manera prolongada. Con permutas necesarias para evadir la presión de rival –una de las mejores cualidades del equipo aplicadas en el curso formativo- o con profundidad, previamente con amplitud del campo que es necesaria para abrir como un abanico a Lanús.

Tomando como referencia situaciones del juego en los que River Plate o Grêmio fueron destacados, la posesión de balón sin velocidad, es francamente una invitación al robo de pelota y ataque con mucha gente de Lanús. Se necesita un dinamismo en la sala de máquinas (mediocampo) que desactive a sus principales protagonistas con la pelota. La confección del plantel 2018, fuera de tener inclinación en volver a ser en juego candidatos a ganar el título nacional, también será un estímulo necesario para plantar cara en el debut de Sporting Cristal en una competición como la Copa Sudamericana. Sí, será la primera vez que el equipo juegue dicho torneo en su historia.

El reto que tiene por delante el entrenador chileno es uno de los más complicados y motivantes en el último tiempo del club: devolver identidad, lo más preciado y difícil de conseguir para un club. Ser reconocido por un modo de jugar es el objetivo primario para luego optar por distintas premisas en el enfoque ganador. Mario Salas, nuestro nuevo guía, asume con el cargo teniendo mucha presión por cómo se desarrollen los jugadores con su idea. Hay que decir a la vez –al menos yo, quien escribe- que también espero una mejor resolución grupal y un avance mental que permita un mejor aprendizaje del juego. No hay que olvidarse que por encima de todos los personajes que conforman una agrupación momentánea, queda el club. Y eso, conlleva una gran responsabilidad.

 

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Ha finalizado el año 2017 para Sporting Cristal y el desencanto con el que hemos terminado todos es evidente. Dicen que lo que mal empieza, mal acaba. Y este año parece ratificar el dicho. Tras la consecución del título 2016 bajo la dirección de Mariano Soso, las posibilidades de su renovación se esfumaron pronto. Tras su salida parece que se barajaron algunos nombres pero el que sonó con más fuerza para ocupar banco fue José del Solar. Tan pronto como se expandió el rumor, empezaron los ataques directos hacia su persona. Se le cuestionó a él mas que sus méritos para llegar a ser el nuevo entrenador. A partir de ese momento el ambiente se enrareció.

Las llegadas que jugadores que habían tenido un paso populoso en USMP cómo Joel Sánchez, Christian Ortiz o Renzo Garcés o la de un desconocido en el medio cómo Rolando Blackburn, llegado del Deportivo Saprissa, generaron cierta expectativa en cuanto a lo que podía ser un ‘mejorado’ Sporting Cristal debido a su surtida variante ofensiva. Lo cierto es que la confección del plantel a nivel defensivo dejaba mucha incertidumbre pero eso no se iba a palpar tan duramente sino hasta después del desconcierto interno con el ex entrenador de la USMP.

Es verdad que las huellas que había dejado el equipo de Soso durante el campeonato del 2016, a pesar del título no fueron las que realmente pretendió nadie, ni siquiera el mismo entrenador. Muy lejos de lo que había proclamado en su presentación, conforme fueron pasando los meses y partidos se hizo evidente que el reflejo en el campo no tenía simetría con sus palabras. Con José del Solar, pasó algo similar. El tan mentando ‘grupo’ no salió a flote en momentos donde las cosas empezaron a ir mal en lo futbolístico y Sporting Cristal, a pasos acelerados, se convirtió en un fantasma frente a sus rivales.

Hoy, sin un entrenador declarado para el año 2018, la pregunta debería ser: ¿qué busca Sporting Cristal? ¿a qué quiere jugar? o mejor ¿cuál es la identidad del club? Lo único propio y valioso de un equipo de fútbol es precisamente elegir qué quiere ser: tener una identificación con una forma de jugar. Ahora mismo, en el tiempo que vivimos, es difícil sobrellevar ‘proyectos’ si no es a base de victorias. Citar a Pablo Zegarra en este punto suena hasta adrede, ya que él simplemente ‘aguantó’ con lo que pudo. Al final las mejores actuaciones de su equipo – que fue ante los equipos más populares del país –  sólo fueron que sucesos con balón de oxígeno y no un par de impulsos para salir a flote desde donde nos hundimos: el juego.

Soy de las personas que creen que primero Sporting Cristal debe descifrar qué desea ser para luego proceder a intentar serlo. Se debe rebobinar porque, evidentemente, hubo un retroceso organizacional profundo y eso aqueja muchas cosas que a veces parecen banales para los que vemos desde afuera. No basta solo con pedir futbolistas para los que nos toca solo opinar desde un asiento. Debemos ver y detectar qué pretende nuestro equipo para luego observar qué jugadores podrían tener puntos altos de acuerdo a las querencias delimitadas. Entre tanta nebulosa, hubo jugadores que no han podido ser ‘ellos mismos’ y que, evidentemente, se han visto desmejorados de acuerdo al contexto.

Se vienen días interesantes desde las oficinas rimenses para los intereses en conjunto. Es clave aceptar el mal para luego combatirlo. Las renovaciones de Jorge Cazulo y Carlos Lobatón se me antojan totalmente debatibles de acuerdo a la situación del equipo. El próximo año dictará si es que simplemente el 2017 fue un año de transición y una imagen reducida del éxito mal manejado durante el último lustro.

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Hace algunos días escribí un pequeño artículo, resaltando las emociones dentro de un deporte como el fútbol, y que esas emociones, pueden llegar a sacar del mismo futbolista, una versión mejorada dentro de una actualidad decaída a través del juego. A su vez, el hervor mal controlado puede hacer que los futbolistas cometan actos equivocados que serán castigados instantáneamente. Tal y como pasó con la expulsión de Edinson Chávez.

Sporting Cristal había iniciado el partido correctamente. Pablo Zegarra conformó una línea defensiva –netamente improvisada- con dos mediocentros defensivos como Jorge Cazulo y Josepmir Ballón; Chávez y Luis Abram cubriendo los puestos laterales. Ambos también siendo reconvertidos ante las urgencias. Frank Ysique de pivote con Joel Sánchez y Carlos Lobatón a los lados; más arriba Ray Sandoval y Cristian Ortiz siendo extremos, dejando a Irven Ávila de delantero centro. Un 4-3-3 de pizarra.

Para sorpresa nuestra, otra vez y en un partido relevante, Horacio Calcaterra quedaba afuera del once inicial. Y otra vez, Alianza Lima se ponía por delante del marcador en los primeros minutos, luego de ‘soportar’ una sucesión de pases y de tenencia que estaba siendo reactiva.

Los entrenadores tienen, de acuerdo a sus creencias, muchas maneras de ver y pensar el fútbol. Tienen diferentes modos de emplear a sus jugadores, esquivando el sistema. La idea de juego es primordial, y eso está por encima del modelo que se tenga a priori. Los planteamientos son ‘válidos’ siempre y cuando estén bien estructurados y a la postre, ejecutados.

La improvisación es buena, pero al fin y al cabo, son decisiones que toman los propios futbolistas en determinadas circunstancias para desandar los momentos de ‘cerrojo’ que tienen los partidos. Los goles de Alianza Lima resultaron, fuera de la mala presión y luego de una errada forma conceptual de defender, mérito de la decisión e improvisación de dos jugadores: Alejandro Hohberg y Luis Ramírez.

Sporting Cristal cada vez más se está quedando lejos de una identidad. Eso y desniveles individuales generan rendimientos dispares en cada partido. Temiblemente, en cuestión de actuaciones cada fin de semana, el equipo se está convirtiendo en una moneda al aire. Si es que no se convirtió ya, claro.

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Me ha tocado ver buena parte de partidos de Sporting Cristal luego del 0-1 frente a Alianza Lima en el último duelo que nos juntó en El Nacional. Diría que también fue el último partido –exceptuando luego vs. Universitario de Deportes- en el cual desplegamos quizás el mejor juego del año. Sí, ya van a ser casi dos meses de aquel enfrentamiento.

Tras un comienzo bastante deficiente en el Clausura, con altibajos en desenvolvimiento y resultados –como todo el año-, llega la oportunidad de dar un golpe sobre la mesa a un rival que nos ha hecho mucho más daño psicológico que futbolístico, y en su propio campo tenemos –una vez más- la oportunidad de recomenzar algo que parece a día de hoy lejano y perdido: luchar por el campeonato nacional a través de ganar el Torneo Clausura.

Un club como Sporting Cristal, que tanto resaltó las formas para llegar al objetivo en los últimos tiempos, llega al punto de parecer utópico el pensar de jugar bien para poder ganar. En algún momento, de manera irónica, llegué a preguntar a un grupo de personas qué preferían, ¿jugar bien o ganar? Porque las dos cosas, ahora mismo, parece imposible de certificar. Así, así es la actualidad de Sporting Cristal por muchas razones.

Las incógnitas y dudas sobre cómo formar la zaga titular, la lesión de Jair Céspedes por unas semanas, la suplencia inexplicable en mi punto de vista de Horacio Calcaterra, lo resistidos que son Joel Sánchez y Christian Ortiz, el nulo desborde de los futbolistas y la pelea constante de Irven Ávila – Ray Sandoval ante las defensas rivales, tratando de conseguir sintonía dentro del campo y por supuesto, goles para poder conseguir resultados favorables.

En mi opinión, es complicado que haya un ‘Clausura 2014, parte II’. Más que todo por la inconsistencia de juego y poca claridad de los jugadores en el césped. La intermitencia se está comiendo a los futbolistas a pasos agigantados. Tan es así, que la misma coyuntura, a veces hace que veamos a algunos futbolistas de una manera que no pensábamos que podían desenvolverse entre sí.

El factor emocional dentro de un deporte como el fútbol es incalculable. El domingo, el mismo contexto sensitivo, puede hacer que muchos de nuestros jugadores eleven el nivel o que Alianza Lima dé un paso más en búsqueda de su objetivo primario. Y ese no es tener una consistencia de juego, precisamente.

¡Fuerza Sporting Cristal!

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(Prensa Sporting Cristal)

La misma escenografía de hace una semana en el mismo lugar de los hechos. La misma noche fría que Sporting Cristal quería calentar para su propio entorno, pero esta vez no eran camisetas blanquiazules, sino cremas. Casi que el mismo once titular que hace exactamente siete días caducó ante Alianza Lima por 0-1. Y hasta en un determinado momento, un calco de la situación que atravesaba prontamente el equipo de Pablo Zegarra: Recibir un gol del rival mucho antes de los 18 minutos; ayer a los 9′ tras un error en intento de salida por parte de Joel Sánchez y Carlos Lobatón, que terminan aprovechando bien Diego Guastavino y Alberto Quintero.

En el libreto tocaba -como hace una semana- tratar de volver a someter al rival a base del dominio de la pelota con mucha más paciencia, ya que el estado del campo de juego ayer fue lamentable. Esta vez, sería un tanto más difícil encasillar al rival en su propio campo, ya que su entrenador, Pedro Troglio, ocupó espacios del terreno con gente bastante rápida y bien predispuesta para presionar al momento que el local quisiera utilizar las bandas como vías de escape. Alexi Gómez y el propio Quintero se ocupaban de vigilar las subidas de Chávez y Céspedes respectivamente. Sporting Cristal, fijó visiblemente su trascendencia en el campo por la banda derecha, juntando a Costa, Sánchez y hasta el mismo Ávila cuando se recogía. Muchas veces se vio a Jorge Cazulo, con balón en los botines, buscar huecos entre Ángel Romero y Jersson Vásquez, espacios que dejaba Universitario al momento de colocar a sus hombres un poco más adelante, a la altura del círculo central.

Lo cierto es que, hasta el miércoles no sabía lo que era dominar en tan poco tiempo -gracias al calendario- a dos de los equipos más prestigiosos del país. Y el último miércoles con algunas dificultades más ya marcadas antes. Lo cierto también es que el rival, con las carencias que se le conoce, trató de plantear un partido a efectos de dañar a Sporting Cristal a base de velocidad; de antemano cediendo la pelota, sabiendo también que iba a sufrir y mucho. El gol en el último suspiro de Rolando Blackburn es más importante en la mente del entrenador y de sus dirigidos para no perder el eje. La convicción de un determinado plan para el futbolista es el primer paso hacia un objetivo. Ante ayer, en mi opinión, la potestad no fue tan marcada como ante Alianza Lima por diversos factores, pero sí que fue un acercamiento duradero al arco que defendía Carlos Cáceda.

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“En el fútbol los resultados son un gran manipulador de la realidad”. Frase que robo para adherirla, cómo no, a la crónica del partido jugado entre Sporting Cristal y Alianza Lima. Marcelo Alberto Bielsa es el autor de dicha oración con la que empecé.

Con la ya lejana y abrupta salida de José Del Solar, junto al ingreso -hasta un momento transitivo- de Pa­blo Zegarra, más la salida de Pedro Aquino y la no recuperación de Horacio Calcaterra (fundamentales), le tocaba al equipo -en una nueva aceleración en ruta- enfrentarse al equipo de Pablo Bengoechea. Plantando en el campo quizás lo que mejor tenía Zegarra a disposición, con Irven Ávila fijando centrales rivales y Ray Sandoval en una teórica banda, que al final no sería tan así. De entrada, Sporting Cristal asumiendo el rol de comandante del balón con Carlos Lobatón, Joel Sánchez y Christian Ortíz rotando continuamente en zonas centrales frente a Fuentes, Cruzado, Aguiar y hasta Luis Ramírez en muchos instantes.

La postura luego del gol de Lionard Pajoy sin duda que ha sido de lo mejor en mucho tiempo a través de la pelota en Sporting Cristal. Circulando la pelota con triángulos marcados en ¾ del campo de Alianza Lima, ensanchando el equipo con los laterales e introduciendo a los falsos extremos en sectores interiores con salidas y entradas producto de jugadas a velocidad.

Joel Sánchez tuvo que ver en los inicios y momentos prolongados de muchas jugadas y eso es buen síntoma. Retuvo el balón y asistió muchas veces en vertical para los giros del receptor de turno, prosiguiendo con el ataque. Un paciente del mediocampo. Por más que a muchos les cueste entender por qué a veces se necesita tener un par de tiempos más en los botines.

Aquella tenencia absoluta de Sporting Cristal, buscando dañar a quien fue a postrimerías ‘destacado’: Leao Butrón, fue tan tajante que las referencias en ataque del rival apenas pudieron dominar la pelota para optar a un contraataque. El buen posicionamiento de los jugadores de Zegarra también permitía que se opaquen las posibilidades de Alianza Lima buscando alguna arremetida, ya que, tras alguna pérdida de balón, eran muchas camisetas celestes las que iban en búsqueda de recuperar para volver a dominar. Fueron muchos los lapsos del partido en los que Luis Abram y Jorge Cazulo también estaban en territorio rival. Así de autoritario fue el transcurso del partido para Sporting Cristal.

Considero que todavía estamos lejos de lo que buscamos regularizar a nivel nacional para luego trascender a nivel externo, pero el partido ante Alianza Lima fue una muestra categórica de que el ingrediente principal para jugar al fútbol es la pelota. El contacto y manejo de la misma entre los animadores de un equipo es primordial para someter de tal manera a un rival que, más que todo, puede tener ventaja psicológica, pero quedó visto que no futbolística. El gol, tan mentado aquí y en la China, otorga 3 puntos, pero estoy seguro que las sensaciones de los jugadores blanquiazules difieren terroríficamente con lo que han podido declarar. A fin y al cabo, en mi humilde parecer, resulta hasta anecdótico con lo que se vio. La autocrítica está lejana entre quienes conforman y adoran el resultado frío y poco calculador. Ahora, quien gana, evade todo juicio; quien pierde, suma reproches. El que gana se lleva todas las aclamaciones baratas como son ‘huevos’ o ‘garra’ y el que pierde, ni un comentario a lo que le dará frutos –de repente- más adelante.

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(Foto: USI / Diseño: José Pablo Castañeda)

A veces nos olvidamos de la edad de un futbolista cuando de muy ‘chico’ lo vemos entrando al campo a jugar con su equipo de turno y teniendo continuidad con el mismo cada vez un poquito más. A veces, muchos hemos olvidado que Pedro Aquino (Lima, 1995), apenas tiene 22 años y ha sido campeón nacional con su ex equipo -Sporting Cristal- dos veces.

De volumen no tan alto en cuanto a estatura y sin un físico preponderante a la hora de tener contacto con los rivales cuando se requiere, pero sí con una gran personalidad al momento de iniciar o ingresar en un partido; y con muchas características positivas, en esencia, de encariñamiento con el elemento principal del juego: El balón.

Con todas las dificultades presentadas en un terreno como el fútbol peruano, Pedro ha podido destacar en campos infumables y entre compañeros a los que les daba un pase y le devolvían un pedazo de adobe.

De corte -a priori- defensivo, por su buena predisposición para la táctica a emplear, pero sin desconocer la pelota como elemento primordial del juego mismo. Con rasgos asociativos, poco a poco se fue adueñando de la posición ‘5’ de su ex equipo y manejando los hilos de los mejores momentos de funcionamiento.

Le tocó, quizás, afrontar su momento más duro cuando falló el penal versus Atlético Paranaense por la definición a la entrada de grupos por Copa Libertadores 2014, pero sorprendió con la naturalidad de su reposición, más que todo mental. Su personalidad no le permite hundirse tras un bache, sino la oportunidad de elevar su categoría profesional. Y fue así.

Criterioso con el balón. Esto supone que: Sabe cuándo tocar y moverse para seguir siendo opción de pase; cuándo tocar y quedarse para reclutar marcas y así, liberar compañeros alrededor; cuándo recogerse en el campo para ser salida del equipo y cuándo escalonarse entre líneas rivales para acortar los segmentos del campo.

Probablemente su faceta más escabrosa sea el hecho de confundir la vehemencia en el marcaje cuando el contexto del equipo no le es muy servible. Es decir, al ser del tipo de jugador que destaca cuando la actividad aledaña es organizativa a través del balón, sufre al momento de no tenerlo y confunde ímpetu con rigurosidad.

El ex mediocentro de Sporting Cristal emprende un viaje que ya estaba tardando en llegar a su carrera futbolística. Con cosas por mejorar en aspectos defensivos, pero siendo muy aprovechable en el rol de ser un pivote de tenencia, su futuro cercano está en México precisamente. Ahora, la vida sin Pedro Aquino en el club celeste, puede ser difícil de olvidar.

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Se cerró una nueva edición de Copa Libertadores para Sporting Cristal. Eliminado nuevamente en fase de grupos. Esta vez, en peores condiciones y ni siquiera optando a un cupo de Copa Sudamericana. A diferencia de otros años, ni siquiera llegando hasta la última fecha con chances de clasificación a 8vos de final. Decepción rotunda.

Los primeros partidos del equipo mostraron las cartas en lo que se preveía una declaración de intenciones respecto a lo que se venía en primera instancia. Un equipo corto, defendiendo lejos de Viana, tratando de achicar espacios al rival y presionando alto, eran las características en las primeras pruebas. Tras el partido contra Santos FC en Lima, hubo un quiebre individual y por ende colectivo; ayer en el Vila Belmiro se terminó de certificar.

En un país con apuros de todo tipo como el Perú, la exigencia es desaforada y la paciencia irritante. Pensar es una palabra sobrevalorada. El fútbol es simplemente un espectador y víctima de todo lo malo que sucede alrededor, del manejo que hay en el entorno. Y es que hay personas que asimilan que este deporte es simplemente ver personas correr detrás de una pelota.

El fútbol es el movimiento cultural de un país. Las eliminaciones de Universitario de Deportes, FBC Melgar o Sporting Cristal, en una sociedad seria e inteligente, con ganas de ayudar al deporte en un país donde es una de las tantas cosas precarias, no debería suponer sinónimo de mofa o cachondeo entre sus piezas externas. Pero, ¿qué interesa eso? Si lo más divertido e ‘importante’ es ver qué club lleva más gente a la tribuna o cuál de ellas canta más fuerte o quien recibe menos goles en sus partidos, ¿no?. Es el típico caso de los alumnos cuando desaprueban un examen y comparan quién de ellos tiene la nota más baja. Ni una pizca de vergüenza les da. El retraso es incalculable; lo chabacano y burdo se sobrepone una vez más, ¿cómo va el marcador?.

La mentalidad es el gran escudo ante la adversidad y el primer remo para la búsqueda y desarrollo de un objetivo trazado. Esto con el respaldo de la pasión por lo que haces, claro. A partir de esta premisa, arrancar con lo demás. No todo en el deporte son condiciones o cualidades.

El resultado de ayer incomoda, como cualquier derrota. Empero hay cosas que sí pueden llegar a enervar en un futbolista profesional, como pasar el balón a un compañero a 5 metros y no dársela al pie o controlar y que se vaya lejos. No solo practicando se aprende, sino también observando. El fútbol y el futbolista peruano, en mi opinión, es de lo más difícil de analizar y trabajar. Existe una regularidad en decadencia y una falta de competitividad encumbrada.

La eliminación es simplemente un partido más. La problemática seguirá y las personas que saben de fútbol realmente, seguirán alejadas de las instituciones. Los intereses se ponderan y los descalabros aumentan. ¿Esto es un problema social? Sería absurdo dudar de ello.

Me parece inverosímil que un equipo haya funcionado de manera real y esperanzadora, y que rápidamente se haya desestimado todo eso. Porque eso fue Sporting Cristal a inicios de año. Una Copa Libertadores que comenzó siendo un ilusionante reto, terminó siendo una verdadera pesadilla. ¿El campeonato nacional como remedio? La huella desagradable del año ya está.

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(Prensa Sporting Cristal)

Ya sea por carácter individual, incidiendo evidentemente en la mella colectiva del equipo, Sporting Cristal, desde su primer partido en Copa Libertadores vs. Santos FC, ha retrocedido en todos los sentidos que se le adjuntan de ‘equipo’.

Su tan evocada propuesta ofensiva se ha visto debilitada con el paso de los partidos, tanto en el Torneo de Verano como los demás por el torneo continental. Y esto le ha costado desistir de ambos torneos: Fuera de la final en uno y eliminado en fase de grupos del otro.

De los últimos 10 partidos jugados, queda un balance de 3 ganados y 5 perdidos; con 16 goles en contra y 10 a favor. Números crudos, que reflejan un bajón de competitividad, y los resultados que no han sido ni mucho menos regulares. Con el Apertura a puertas, toca replantearse cosas netamente de estructuras de juego.

Al concretarse la llegada de José del Solar, estaba claro de antemano que las cosas que pasasen -resultados-, si eran positivos se inflarían como un globo, y que una derrota sería un alfiler que lo reviente. La sociedad en la que vivimos es impaciente y al primer tropiezo, se recalcaría su pasado por el club Universitario de Deportes. El hecho es que, se vuelve a dejar de lado el fútbol como tal, como esencia.

A mi gusto, todas las partes tienen buena culpa del descalabro o hundimiento que ha habido (a falta de jugarse el partido de vuelta ante Santos). Pero, echarse encima del entrenador sería sinónimo de ventajismo puro.

Los resultados hoy en día están siendo espejos de la actualidad del equipo: No hay articulación de juego fluida, cuesta encontrar a los volantes con ventajas, no hay -se vio poquísimo antes- desborde y desdoblamiento por partes de las piezas en banda, la línea defensiva ya no está a 35-40 metros de Mauricio Viana y un jugador como Joel Sánchez, ha perdido terreno.

Mi preocupación está en que, a vista de la marcha en los últimos meses, siendo los futbolistas aquellos principales asimiladores de sensaciones e ideas por parte del entrenador para plasmar ‘algo’ sobre el césped, se pueden haber dejado de instruir en base a los dichosos resultados.

El trabajo para del Solar y sus acompañantes es precisamente perseverar en una idea que ‘cuajó’ en algunos partidos y que los aproximaba a ganar. Hay cabos sueltos que el colectivo debe ‘maquillar’ para mejoras constructivas (que será puro mérito de él o demérito en caso de no lograrlo), como el no tener un ‘9’ que influya en el proceso, por ejemplo.

Quedarse afuera de la Copa Libertadores y no optar por un cupo a la Copa Sudamericana, es un trallazo duro para todos, pero hay que volver a las fuentes. El apoyo es innegociable por mi parte para el que se encuentre dirigiendo y buscando lo mejor para el club, en este caso: José del Solar.

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(Prensa Sporting Cristal)

por Mauricio Saldaña

No me considero un sujeto muy amante o preferente de algún esquema de juego con firmeza, pero sí considero que para utilizar algunos y darles continuidad -ya que muchos de ellos conciben cierta complejidad para los futbolistas sobre todo en la adquisición de conceptos-, primero que todo se necesita un patrón o idea de juego, seguido de tener los jugadores con sugerentes características para poder ejemplificarlo. Es decir, es el entrenador quien se debe de adaptar a sus jugadores, y no al revés, como muchas veces sucede.

Revisando el plantel de Sporting Cristal y sabiendo de la ideología de juego por parte de José del Solar, a la vez que conociendo los problemas defensivos que había presentado hasta la fecha, producto de ese juego tan ofensivo y con poco recaudo defensivo, se me imaginó que podía llegar a utilizar una línea defensiva de 3 jugadores, tratando de balancear los efectos dispares.

Sport Rosario y Alianza Atlético fueron los primeros ‘tests’ con la línea defensiva cambiada y prácticamente no se sufrió con balones a las espaldas de dicha línea. Ahora, esto tiene un efecto rebote, a priori, se pierde un jugador en la medular para poder presionar más arriba y de paso, el instinto de retroceder del futbolista peruano, se puede acentuar en contextos no favorables –como muchas veces se ha visto-.

Ante The Strongest la línea de 3 la ocuparon: Ballón, Cazulo y Abram. Dejando así alas para Chávez y Céspedes, con Lobatón junto a Aquino entre ellos; escalones más arriba para Costa y Ortiz, dejando a Rolando Blackburn de ‘9’ puro. Para algunos –me incluyo- inexplicable la ausencia de un jugador top como Horacio Calcaterra, por lo que ofrece y su actual estado de forma.

Algo que no me dejó tranquilo del partido fue la poca profundidad que tuvo Sporting Cristal en ambos carriles y eso tiene explicaciones:

  • Tanto Costa con Chávez, como Ortiz con Céspedes, casi nunca desdoblaron por sus espaldas y viceversa. Si bien es cierto, Aquino o Lobatón derivaban el balón hacia los costados, pero era precisamente para alargar al rival y buscar el centro raso o alto que permita a Blackburn finalizar la jugada.
  • La presencia de Ballón como stopper por derecha: Esto supone que cuando el equipo sostenga el balón, si necesita una salida por ese lado, sea él quien -a la vez- deba saltar la línea de presión rival para instalarse con o sin balón en un espacio que permita avanzar y eliminar cierta asfixia. Hubo solo una jugada en la que sucedió, con pocos toques y se ganó profundidad para realizar un centro (Fue a los 44′ del 1° Tiempo).

No es difícil decir que ha sido el mejor partido para Mauricio Viana, en relación a lo que tuvo que trabajar en portería cervecera. Sporting Cristal casi ni sufrió ataques, pero tampoco fue un partido en el que gozara de muchas ocasiones de gol debido en gran parte a lo que demarqué líneas arriba, bienes que son necesarios en el desarrollo dentro del campo para el local. Ante la poca efectividad en los carriles, tampoco se pudo penetrar por dentro con continuidad con Ortiz y Costa, siempre presionados rápidamente por líneas juntas que dispuso César Farías; se podría decir que Joel Sánchez fue un remedio que tardó en llegar al campo de juego para aligerar el sector central por donde se intentaba romper.

Para el estilo de juego del equipo es innegociable un delantero que domine el juego de espaldas y pueda salir de su posición sin problema para dejar que “falsos extremos” o volantes se sumen al espacio dejado. Es por eso que tengo una leve preferencia por Diego Ifrán sobre Rolando Blackburn. Claro, al 100% de sus condiciones físicas, sin ser un iluminado en la materia.

Sporting Cristal jugará ante San Martín este viernes y buscará mejorar rendimiento y sensaciones propias en primer lugar. Veremos si el 3-4-2-1 sigue en pie.

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