En épocas donde el tiempo apremia, y el fútbol también, el aficionado parece muchas veces enfurecido de ver a su equipo en cuestión no dominar al rival a través de la posesión del balón. En este caso, es a Sporting Cristal a quien le toca acallar esos murmullos por varias esquinas de quienes ahora pretender ver a “su” equipo que gobierne el partido con la pelota. ¿Hay otra forma de hacerlo? En mi humilde opinión debo decir que no, porque el fútbol es un deporte de posibilidades y probabilidades.

La posibilidad o facultad de tomar la decisión de ser un equipo que priorice la tenencia de la pelota y la probabilidad de que esa decisión te acerque al camino más próximo de la victoria. En plena globalización, continuamos con esa guerra de la pelota vs los espacios, y no hay culpas. Si el fútbol tiene algo llamativo, es precisamente esa facultad individual de elegir a placer. Nada más que, en su gran porcentaje, es mera conveniencia de muchos. Es lo que sucede con el Cristal de Salas últimamente para una parte de la afición.

De ninguna manera el perfil de Mario como entrenador -y gestor de equipo- proviene de una filosofía egoísta a partir de la posesión. No hay por dónde se le mire como un encandilado de la prima básica de poseer la pelota indefinidamente. Como camaleónico que es, adaptable a distintas circunstancias del partido sin enfrascarse en una premisa, he de decir que la presión de su(s) equipo(s), es una de las mejores cosas (sino la mejor) del Salas entrenador. Hoy se le “juzga” de no adueñarse de la pelota, curiosamente por los resultados que tuvo en sus dos partidos y medio últimamente.

El Clausura es teleobjetivo. Nada obstruye en el visor ese objetivo. Pero eso sí, nadie quiere ejecuciones a partir de la palabra, sino análisis con mejor contenido para ver cómo Mario Salas ha virado (y lo sigue haciendo) en función del rival a quien enfrenta. Simple trámite del partido. Sin sacarle la vuelta a sus convicciones e ideales que han hecho de su equipo un ganador incontestable a día de hoy. No hay verdades absolutas y tampoco certezas de qué “estilo” le asegure a un equipo ganar, pero sí hay acercamientos a base de intenciones que permiten palpar eso con más frecuencia. El accidente en Moyobamba, la función de Cazulo en Matute o la sensación de insuperable ante Municipal, etc, hacen que se mire ahora el manual de la posesión como algo innegociable, cuando hace un tiempo atrás muchos estaban hastiados de ella.

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