Abocar ciertas palabras a cosas externas de un partido de fútbol es tentador. Eso no se puede negar. Porque como seres humanos, y más cuando hablamos de un juego (que no deporte), casi siempre nos resulta ‘natural’ buscar excusas al hecho de no ganar. Es verdad que no siempre son pretextos (en sí), pero justificar resultados ya casi se vuelve familiar (para mal).

Ahora bien, hablar de un partido de fútbol que en un día se juegan 60 minutos y al día siguiente los minutos restantes, suena clamoroso. Simple y llanamente porque en el fútbol, es (casi) inexplicable que esto ocurra. La mentalidad de un deportista (que no futbolista) es muy enigmática. Las decisiones muchas veces dependen de un lapso de tiempo en el que una vida se termina. Como referencia podemos tomar las innumerables veces que Rafa Nadal ha dado vuelta partidos que tenía (casi) perdidos por temas externos al mismo: el clima. Quizás el tenis sea una referencia como deporte más enriquecedora y compleja a la vez, al ser singular su esencia. En el fútbol no solo son 11 mentes las que inciden directamente; es decir, el fútbol puede proseguir su ‘rumbo’ en un partido, de antemano, ya desvirtuado y completado en dos días.

La inclusión de Jorge Cazulo unos escalones más adelante (en el primer tiempo) dio resultado. Presionar arriba (y mejor) por el simple hecho de no tener el círculo central del campo bajo los pies. No correr el gran riesgo de verle los dorsales a sus rivales en dirección a su portería y que la salida de su equipo, sea de acuerdo a la circunstancia: posicionamiento de Alianza Lima. La valentía con la que Cristal asumía el riesgo de ejercer su protagonismo con la pelota, con un estado del campo deprimente, siempre se debe ponderar. No solo cuando se gana. Porque si algo me faltaba decir, es que el ser humano, casi siempre actúa y opina a su conveniencia. Las galopadas de Marcos López y el olfato de un tiburón percibiendo sangre de Emanuel Herrera fueron premisas para terminar 45 minutos correctísimos.

Me resulta explicable el hecho que Mario Salas al segundo tiempo haya decidido reacomodar a Cazulo al mediocentro por los huecos que existían en esa zona con un Hohberg que ganaba galones y un Quevedo que marcaba más sus diagonales. Horacio Calcaterra dejó de ser perseguido; ahora perseguía. Esto tuvo un efecto rebote: Cristal dejó de presionar arriba (y mejor), y el dúo López-Herrera ya quedaban algo lejos y con menos oxígeno de Mejía-Calcaterra. Y quiebre. Se acabó esa vorágine, cuando el partido estaba en un estado neutral con unos minutos que empujaban a Alianza Lima a remontar el resultado.

“El resultado fue justo” fueron las palabras de Mario Salas tras el 2-2 final. La táctica son los jugadores que uno tiene, y esto volvió a quedar expuesto. Las tablas de un partido con días distintos pero de un solo calibre. Sporting Cristal no pudo ser el Rafa Nadal del fútbol, porque este también es un deporte singular.

Deja un comentario