Creer que el Apertura iba a ser igual que el Torneo de Verano era pecar de ingenuo. En éste nadie sabía a qué iba a jugar Sporting Cristal y más de uno pensó que no iba a haber mucha diferencia con el triste equipo del 2017. Pero el equipo de Mario Salas sorprendió y varios se llevaron goleada precisamente por no tener idea de a qué se enfrentaban.

Pero no podemos pensar que el resto del mundo va a ser ingenuo. Desde hace por lo menos dos meses todos estudian al Cristal del Comandante y piensan en cómo plantear el partido para que no haga la fiesta que hacía. Algunos ponen mucho vértigo en el medio, otros se tiran para atrás, todos coinciden en no perder de vista a Emanuel Herrera. Durante el año nos vamos a ir enfrentando a equipos que van a plantear pensando en cómo frenarnos. Es normal.

Por eso no tiene sentido prender alarmas porque no hayamos ganado con tanta holgura como hace tres meses. Es lógico que no lo vamos a hacer. Los rivales ya saben por dónde les viene la mano y se preparan para ello.

Unión Comercio, por ejemplo, intentó hacer un partido de esfuerzo y pundonor. Se entregaron con todo en defensa y apostaron a la habilidad y a la suerte en la delantera. Nos generaron muy poco y siempre encontraron a la defensa atenta y al arquero ubicado. Por el contrario, Cristal en ataque tuvo que volver a enfrentarse a dos rivales que ha enfrentado poco este año: su propia ansiedad y la falta de espacios. Tardó en encontrarle la salida al acertijo. Como haciendo realidad la profecía: cuando entró uno, los demás fueron cayendo por gravedad.

Cristal generó varias y le faltó algo de claridad en la última (o penúltima) jugada. Hasta que Gabriel Costa hizo la jugada diferente. Ya habíamos visto varias veces al extremo entrar y buscar al compañero. Costa varió, llegó, quebró y remató. Gol de Cristal a los 60 minutos. Lo demás fue darle hilo a la cometa. Herrera abrió la jugada por izquierda, esperó a que suba Jair Céspedes, Céspedes centró lindo y Costa la añadió por el medio. 2 a 0. Misión cumplida.

Con el postre listo, sólo faltaba la cereza. Yulián Mejía se movió entre los espacios que recién se encontraban y lanzó un balazo sensacional. Golazo en el Gallardo. Mejía no hace gol feo. Y cuando pensamos que todo acabó ahí, Jorge Cazulo la añadió casi cayéndose. Cuatro a cero. Una diferencia más acorde con lo que se vio en la cancha. Va siendo complicado pero, felizmente, terminamos los partidos encontrando el objetivo.

Ahora se viene el último campeón. Viene en un contexto en el que todo le genera dudas. Ya no confía en el juego rácano y cobarde que le dio el título el año pasado y resulta que vendió tanto su alma al demonio que tampoco encuentra el camino de regreso a aquello que solía ser. En esa encrucijada, le toca volver al Nacional para enfrentarse a Cristal. Haríamos mal en creer que el antecedente nos garantiza victoria. En partidos como éste, los contextos no juegan. Cristal debe jugar a lo que sabe y dominarse a sí mismo para liberarse de la ansiedad y decidir mejor ante la falta de espacios. Si mantenemos esa línea, así haga lo que haga, Alianza Lima no va a tener chance. El balón está en nuestra cancha.

¿Algo más?

Sí. Mucho que hablar ha dado la molestia de Emanuel Herrera al momento de su cambio. Absurdo. Es natural que un goleador que no anotó quiera quedarse en la cancha para intentar hasta el final. Estoy convencido de que Herrera respeta a su técnico y de que es saludable que un jugador quiera quedarse en la cancha cuando aún siente que tiene que dar mas de lo que dio. También estoy convencido que querer inventar “faltas de respeto” ya sean a Christopher Olivares, al equipo, a la camiseta, a la banca o al respetable público que pagó su entrada son puras ganas de generar novela. Dejémos eso para la prensa que vende humo y no fútbol. Aplaudamos al goleador y a sus ganas de ser siempre mejor y dejemos que el Comandante Mario Salas sea el que maneje a su grupo. Ambos nos han demostrado que saben hacer lo que les corresponde así que mejor dejémoslos trabajar tranquilos.

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