Quemaba el sol en el Alberto Gallardo y quemaba también la alegría de la hinchada celeste que se reunió a ver una goleada de su equipo y se iba a almorzar feliz luego de haberla visto. Como antes, como en los viejos tiempos. Sporting Cristal recibiendo a un visitante y llenándole la canasta. Lo de ayer fue un guiño a la nostalgia que me hizo recordar cómo hace 20 años también salía de ese estadio acompañado de mi padre y contentos por haber gritado cinco goles cerveceros.

El Cristal de Mario Salas ya no sólo entusiasma, ahora satisface. La curva ascendente ha logrado llegar a un punto donde, al parecer, los rivales sufren más que nosotros. Y todo eso pone el futuro color celeste.

El grito se demoró en llegar. Recién a los 40 minutos del primer tiempo, Gabriel Costa la añadió luego de que Josepmir Ballón dejara pasar el balón entre sus piernas. A veces la mejor jugada es la ausencia de jugada. Ballón entiende eso a la perfección y supo que el mejor pase es el que no se da, aquel que genera sorpresa no por su acción sino por su ausencia. Un saltito y el balón que va manso a encontrarse con el botín derecho del Gabi. De esa manera se terminaron cuarenta minutos de un partido intenso en el que Cristal manejaba con tranquilidad el balón a la espera de la oportunidad y en el que la visita intentó, por todos los medios, que este momento no llegue.

Si hay algo que decir del equipo de Duilio Cisneros es que no dejó de correr en todo el partido. Más allá del marcador, Ayacucho fue un rival interesante porque presionó cada pelota y cada salida. No tuvo ideas en ataque y, por eso, Patricio Alvarez casi no tuvo trabajo y aprovechó para ir ganando más confianza en algunas pelotas complicadas. Por el pundonor de la visita, el primer gol de Emanuel Herrera – el goleador, el goleador – hasta dio un poco de lástima. Dicen que cuando estas de racha, las oportunidades no sólo se presentan sino que te buscan. Como a Herrera a quien la pelota, luego el rebote del arquero visitante, fue a buscarle el pie derecho. Diremos que el balón quiso chocarse con él para impulsarse adentro del arco. Herrera casi ni pateó pero se encontró con otro gol. Luego, en los dos siguientes se reivindicaría. Primero yendo a buscar una jugada que nadie más buscó. Omar Merlo lanzó un balonazo genial que tenía destino en esa zona de nadie que está entre los delanteros y el arquero. A mitad del camino ya todos lo dieron por perdido. Esa pelota iba a dar un bote y acabar en las manos del arquero. Pero el goleador tiene que ser un optimista del fútbol y creer que va a llegar a donde nadie más piensa llegar. Herrera evitó el rebote del balón y sorprendiendo a todos le ganó el vivo al arquero y la picó para atrás. A veces la mejor jugada no es hacia delante, se sabe. Fernando Pacheco la recibió y la cedió a Flavio Gómez para que la añada con furia. Minutos después, Gomez le devolvió el premio a Herrera al cederle un balón limpio para que el goleador la añadiera. Cuatro y fiesta.

La gente ya empezaba a irse. El calor invitaba a buscar sombra y una bebida helada pero Cristal aún estaba en la cancha. El rival, entregado, cedió un tiro libre y al frente se pararon Herrera, Carlos Lobatón y Yulian Mejía. Pobre el arquero de Ayacucho FC. Puso su barrera y se paró en el segundo palo convencido de que Lobatón la iba a mandar ahí. Al pito, robó un poco hacia el medio para evitar que Loba la cuelgue donde no iba a llegar. No anticipó el remate de Mejía que la anidó, suavecito, limpio, casi pidiendo perdón, en el segundo palo que quiso cubrir y no cubrió. Golazo, papá. Lo gritó el colombiano mirando al cielo y lo gritamos todos recordando aquellas lindas mañanas de sol en el Alberto Gallardo cuando Sporting Cristal, hoy como antes, nos regaló una goleada hermosa para empezar la semana.

Todos pensaban que Cristal iba a bajar la máquina ahora que ya está clasificado pero parece que este Cristal de Mario Salas no sabe cómo bajar las revoluciones.

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