La Cancha: Alianza Lima 0 – Sporting Cristal 2

En momentos como este es menester alejarse de los lugares comunes, evitar el adjetivo fácil, huir de los excesos. Hay que aquilatar las cosas en su real medida y saber que no estamos aún llegando a ningún lado, que el camino recién está empezando y que los objetivos son otros. Alegra ganar de nuevo a ese rival y en esa cancha pero esta alegría no es la alegría del objetivo cumplido. Los retos que tenemos adelante (competir en la Copa Sudamericana y consolidar un nivel que nos lleve a pelear el título nacional) son mas grandes y complejos.

Entonces limitar el análisis del partido de ayer a la actuación, mala, de Diego Haro y afirmar que es el responsable del resultado es mentir. Lo del árbitro fue irregular en ambos lados. Tomó la decisión de manejar el partido y lo manejó mal. Dejó pasar faltas fuertes al inicio del partido y luego, cuando estas se hicieron frecuentes, cambió de criterio y empezó a sancionar todo. La desigualdad en el criterio genera disconformidad y malestar en los jugadores. Luego, todo fue cuesta abajo.

Decir, también, que mientras los dos equipos estuvieron con todos sus jugadores nadie había sacado ventaja también es mentir. Los primeros diez minutos, hay que reconocerlo, Alianza Lima nos puso en aprietos. Se esperaba un equipo local que esperara y encontramos a un rival que salió y presionó. Un fuerte sofocón que incluso generó una llegada clara. ¿Cuanto duró? Diez, tal vez doce minutos. Luego Cristal se adueñó del partido. Amplió la cancha, se hizo corto y compacto y generó el error en el rival. Así llegamos dos veces con Emanuel Herrera y embotellamos al rival en su área. Ahí se generó el penal y, en cierta forma, ahí se acabó el partido.

Se acabó el partido porque el rival se entregó. Quiso levantarse un poco pero nunca le dejamos hacerlo. Y ese es el mérito de Cristal: evitó las posibles reacciones del rival y el rival – desalentado y frustrado – se dejó estar, se empequeñeció sólo. Fue evidente. Recuperó pocas pelotas, perdió hasta los balones que tenía ganados, sus pases carecieron de precisión e hicieron que la labor de los celestes se aligere. Cristal recordó que en dos días tiene que jugar Sudamericana y aceptó la invitación, jugó al ritmo de un equipo entregado, tocó en el mediocampo y se demoró mucho en asegurar el partido. Josepmir Ballón se encargó de eso en una muy buena jugada.

Cristal ganó un partido con un juego correcto y aprovechó el apocamiento del rival para tirar varios oles. Un buen triunfo en el camino, una alegría sincera.

¿Algo más?

Sí. La hinchada de Cristal respondió a la invitación y copó la tribuna norte del estadio. Casi cinco mil hinchas cerveceros dieron aliento y cantaron su alegría en la tarde victoriana. Linda estampa la de esa tribuna. Cómo no aplaudir a esa gente linda que sigue al Cervecero.

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