por: Alfredo Quichiz

No hay mejores palabras para describir el amor por la celeste que se vivió en el estadio Alberto Gallardo este Domingo que las que puso Adidas al presentar la camiseta de este año: “Ser hincha de Sporting Cristal no es un amor heredado, es un amor que se genera con cada gol y partido alentado, es un amor puro”. Porque realmente es así, incluso, cuando el calor estuvo en su pico más alto, por más sofocante que fuera, lo único que hizo fue incendiar las gargantas de los miles de hinchas que pudimos asistir a la presentación oficial del plantel.

Es bonito reencontrarse con el equipo, con un ambiente de júbilo y sobre todo, con una hinchada que empieza a cumplir, tanto dentro como fuera del campo, y esto último literal, pues pese a que jugamos a estadio lleno y se agotaron las entradas, muchos fanáticos se las ingeniaron para establecer el “Palco VIP” en un puente cercano al estadio y desde allí poder alentar al Sporting. Razones del lleno total del estadio y del éxito del “Día de la Raza Celeste” hay muchas. Una de ellas, como ya se ha mencionado, es que comienza a verse un buen trabajo de parte de la directiva. Buenas contrataciones, precios accesibles y el valorar a la gente mayor y a los niños, haciendo que Sporting Cristal vuelva a unirse como familia. Brindándole también seguridad para poder acompañar al equipo, tendrán siempre una buena respuesta de la gente cervecera. El equipo comienza a ofrecer más que solo el partido, genera una experiencia para vivir el fútbol, y eso es algo para aplaudir.

Me quedo con lo mostrado el domingo, pero no únicamente con el partido del primer equipo, sino también con el de la División Femenina de Fútbol del Club pues comienza a dársele la importancia necesaria de cara a lo que se viene. Mencionar también el homenaje a los Campeones del 68, el cual es más que meritorio. Recordando la tercera estrella de nuestra institución, de aquel equipo conformado por ex jugadores de la talla de Alberto Gallardo, Ramon Mifflin, Fernando Mellán, o “Chito” La Torre, por mencionar solo a algunos de aquellos que llegaron para marcar la historia. Me quedo también con las ganas con las que se cantó el himno del Sporting Cristal por un personaje emblemático y muy querido por la afición como lo es Miguelito Linares.

Durante la presentación del plantel, sin embargo, hay algo en lo que me gustaría hacer hincapié, y es que al momento del ingreso al campo de Renzo Revoredo los hinchas pifiaron su nombre hasta que el siguiente jugador se presentó al campo. Soy de esos convencidos que, pese a que pueda o no gustarnos el juego del “Káiser”, no podemos incurrir en estas cosas. Debemos motivar a los nuestros para que se esfuercen por los colores de la institución y le devolvamos al equipo  esa identidad y juego que siempre nos ha caracterizado. En definitiva, y no con eso se pide que se le dé un cálido recibimiento como el que tuvieron Carlos Lobatón o Jorge Cazulo, sino que se guarde respeto y motive a cada uno de ellos.

Volviendo ya al juego en sí, este Domingo volvió la ilusión, pues pudimos jugarle de igual a igual a un equipo con historia en Chile, país vecino que, muy al margen del presente y de quedarse fuera de la Copa más importante del Mundo, no podemos ser mezquinos y debemos reconocer que es uno de los países con mayor crecimiento futbolístico en los últimos años. Y el estadio ha sido – y así debería ser siempre – una verdadera fiesta. Con la hinchada alentando hasta el último segundo, empujando al equipo cuando estuvimos perdiendo y en un grito y alegría inolvidables cuando comenzamos a generar llegadas claras que hacían daño y posteriormente pudimos remontar el marcador. Y pese a que aún no hemos logrado nada y que faltan afinar cosas, el primer juego del equipo genera esa ilusión, esa de ver a nuestro querido equipo sumar una estrella más para el club. Por los chispazos de buen fútbol, por las ganas de los chicos para sacar adelante un resultado adverso. Por el retorno de las familias al estadio.

Que venga el siguiente equipo. Aquí lo esperamos.

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